jueves, 18 de agosto de 2016

Sí, soy un adicto ¿y qué?



Hernando es un adicto al deporte y su problema surgió desde su adolescencia. En esa época se reunía en las noches con sus amigos del barrio Castilla al suroccidente de Bogotá para disfrutar de los juegos que todos los niños de ese tiempo jugaban: yermis, soldado libertado, escondidas o cualquier otro que implicara correr, saltar, esquivar y todo eso que a cualquier menor le gusta, y desde allí, desde esa época es un adicto.

Hernando es un hombre de 32 años que trabaja como profesor en el departamento de Física de un colegio privado de la capital. Tiene un hijo de cuatro meses y una pareja estable con quien piensa formar un hogar en el corto plazo. Adora a su hijo y pasa con él la mayor parte de su tiempo libre, lo baña, lo viste, lo alimenta, lo consiente y espera sagradamente cada noche, entre semana, a que se duerma para partir a su casa.

Lo peor es que no quiere dejar su vicio. Hace dos años tuvo una molestia en el corazón, le diagnosticaron cansancio extremo y le prohibieron seguir "consumiendo", por lo que dejó su droga durante un mes, pero la adicción le pudo y recayó. Desde hace seis meses tiene un problema en el talón de Aquiles del pie derecho por la misma causa y a pesar de que sus amigos le han pedido en varias ocasiones que por su salud y bienestar la deje del todo, él sigue inconmovible.

Sin embargo, el fin de semana su afición lo trastorna y su comportamiento cambia completamente.

- Qué rico que hagas deporte-, dicen familiares y amigos. - Es una práctica sana-, dicen los médicos. La publicidad lo recomienda. Las campañas lo promueven. Pero ¿qué pasa cuando todo eso se deforma y se convierte en una droga?

Este tipo de adicciones casi siempre pasa desapercibida porque la mayoría de personas no reconoce los síntomas y por el contrario alientan la adicción, por lo que en realidad se sufren a escondidas. Lidia Santos, sicóloga, comenta: - Este tipo de vicios no ha sido muy documentado por la ciencia. pues parece no afectar en la misma medida en que los fármacos, los sicotrópicos o los alucinógenos; pero su efecto es más devastador, en la medida en que no hay un punto cumbre de la adicción, no "se toca fondo" sino que, por el contrario, todo el tiempo permanece escondido y va minando la salud y la vida intrafamiliar del adicto-.

Llega el sábado.

- Sábados y domingos sé que no cuento con él para nada. Desde las 6 de la mañana ya sé que va a estar en partidos de lo que sea, a veces es fútbol pero a veces son otros deportes. Uno lo llama al celular y no contesta, y la excusa es que estaba jugando. Hace un mes teníamos cita con la mamá de él para almorzar y apareció como dos horas después, en pantaloneta, sudado y cansado y nos tocó quedarnos en la casa. Y el próximo domingo el niño tiene control con el pediatra pero él ya dijo que ese día es la semifinal del campeonato y no puede faltar-. Son palabras de Catalina, su compañera y la madre de su hijo, con quien sufren por sus ausencias.

- Él rara vez llega tomado o algo así, pero a Arturo y a mí sí nos duele su ausencia, porque debería estar con nosotros todo el tiempo-.

Hernando forma parte del equipo de profesores del colegio en que trabaja, es integrante del onceno de la asociación de padres de familia del mismo colegio; disputa un campeonato de fútbol aficionado con un equipo de fútbol llamado Nissanrepuestos, una empresa que vende repuestos para automóviles; ha corrido la media maratón de Bogotá durante los últimos cinco años; estuvo en Bogotá 5k patrocinada por Nike; ha hecho en dos ocasiones el ascenso a la Torre Colpatria; con su grupo de amigos juega futsal en las noches de los sábados; monta bicicleta y además ha sido roller (patinador extremo) y ha practicado canotaje, rapel (descenso por cuerdas), canyoning (caminata extrema) y otras disciplinas más.

Esa es su vida. Él dice que lo hace para escapar de la rutina y crear otro mundo para sí mismo donde pueda olvidar sus errores, sus faltas, sus carencias y sus responsabilidades. Esa es su adicción y como en todos los adictos el principal problema es que no quiere dejar su droga. Esa misma que al tiempo que le da salud, poco a poco, lentamente, lo está matando.



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