jueves, 18 de agosto de 2016

Orgasmo



Tan pronto vislumbré sus piernas morenas y bien torneadas un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sus caderas rebosaban alegría y movimiento y su cabeza inteligente se movía dando campo para que esos ojos vivaces devoraran en un instante todo el lugar.

Al observar su andar grácil, como una hermosa gacela en la pradera, supe que era con quien había soñado, supe que era justo a quien necesitaba.

Tantos días de incesante espera, tantas jornadas carentes de alegrías, tantos y tantos sueños frustrados o paliados con alegrías menores, llegaron a su fin con sólo verle caminar, correr y saltar con el júbilo propio de la adolescencia.

En sus ojos se veía la felicidad y la inocencia propias de su edad, pero su cuerpo maduro y ya desarrollado reflejaba la firmeza de la adultez.

Pronto estuvimos jugando en la hierba mientras el sol cálido abrasaba nuestros cuerpos casi desnudos y oscurecía nuestras pieles, para después caer sudorosos y agotados y tumbarnos sobre el verde césped.

En medio de esos juegos, en los que me concentré para descubrir cada uno de sus movimientos, cada exhalación, cada latir de su corazón, supe que enloquecería a cualquiera con las sacudidas rápidas de su pelvis; con esa cintura que como un rayo te llevaba de un lado al otro y te dejaba en el piso con la respiración acelerada y totalmente agotado por el esfuerzo; con todas las maravillas que esas piernas de contorsionista podían hacer y, sobre todo, con ese afán suyo fruto de su inexperiencia... ese afán de hacer que llegaras al momento cumbre; que todo ese juego previo culminara en el grito máximo; que se te escapara ese grito, que brotara de ti toda la energía y toda la alegría... que dejaras de contenerte y que brotara de ti todo, todo, todo, todo… TODO.

Y lo logró.

Pocos días después le vi hacerlo, vi cómo le hacía a otro lo que me había hecho a mí. Vi de nuevo todo su potencial en acción.

Desde lo lejos, sin que me viera en el momento, observé cómo iniciaba, cómo empezaba a moverse con lentitud, con calma, midiéndolo. Lo miraba a la cara, incitándolo, invitándolo, ofreciéndose. Inició con un movimiento sencillo de sus piernas, muy sencillo, un amague... al ver que surtió efecto, un rayo cruzó por su mirada y en su boca se dibujó una semisonrisa y sus caderas dibujaron una figura extraña... lo iba a enloquecer.

Contuve la respiración, mientras mi corazón latía acelerado, mi pulso aumentaba frenéticamente y mis piernas temblaban.

Se movía a toda velocidad, sudaba mucho y hasta donde yo estaba sonaba su respiración agitada, ya casi llegaba.

Al penetrar en la candente zona, que tantas veces antes nos había sido esquiva, frenó bruscamente, le sonrió de nuevo, le sonrió a aquel que ni siquiera pudo seguir su ritmo, y con un suave impulso y esa sutileza, esa casi ternura que le caracteriza culminó todo... el éxtasis sublime.

No aguanté más y mi garganta seca estalló, grité con todas mis fuerzas:

...

...

...

...

...

¡¡¡ GOOOOOOLL!!! ¡¡¡ GOLAZO!!!



Así es. Sí. Confirmado. Ese es el delantero que necesitamos, ese que siempre soñé descubrir.



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