viernes, 30 de septiembre de 2016

HECHOS, no mentiras ni suposiciones

Voy directo al punto.

Colombia es uno de los tres países con mayor número de víctimas por las minas antipersonal en el mundo. Actualmente tenemos registradas más de 11 mil víctimas entre militares, civiles, niños, indígenas y afros. Conclusión: debemos empezar el desminado.

Sin embargo, antes del acuerdo era virtualmente imposible desminar muchos de los municipios más afectados por las minas, porque eran territorio de la guerrilla. Desde 2007, apenas 5 municipios se han entregado libres de sospecha de presencia de minas a la comunidad y solo 25 tienen actualmente operaciones de Desminado Humanitario.

Ahora, gracias al Acuerdo para terminar el conflicto, hoy tenemos ¡132 municipios ya asignados para Desminado Humanitario! que están en o podrán iniciar operaciones en los próximos meses: http://www.accioncontraminas.gov.co/accion/desminado/Paginas/municipios-asignados.aspx.

Miremos el mapa antes:


Y comparemos con el mapa de ahora.

Esa lista de municipios incluye municipios que han sido golpeados por la guerra desde hace mucho tiempo: Chaparral (Tolima), Vista Hermosa y Mapiripán (Meta), y Algeciras (Huila), entre otros. Esto se evidencia en las noticias más recientes:

Adicionalmente, antes solo teníamos 3 organizaciones de Desminado Humanitario, que atendían todo el país; hoy, con visión de posconflicto, tenemos 5 organizaciones y otras cuantas están próximas a ser autorizadas para operar en Colombia.

En ese mismo sentido, el presidente Obama, el canciller de Noruega y el gobierno colombiano crearon la Iniciativa Global de Desminado para Colombia, que arranca con un apoyo financiero de ¡80 millones de dólares! de diferentes países del mundo: http://www.cancilleria.gov.co/newsroom/news/80-millones-dolares-arranca-iniciativa-global-desminado-humanitario-colombia

Todos estos son HECHOS VERIFICABLES, que ustedes mismos pueden corroborar y confirmar porque están en páginas del Gobierno de Estados Unidos o Noruega o en medios de comunicación nacionales e internacionales.

Finalmente, pensemos si las razones para decir NO a este acuerdo valen más que quitar las minas de esa escuela a la que van los niños; del camino que recorren los campesinos para ir a vender su cosecha, del bosque en el que juegan NUESTROS niños cuando van de vacaciones al campo.

Yo les invito a que este 2 de octubre votemos con verdadera conciencia. No votemos por las razones de otros, No votemos por suposiciones, VOTEMOS POR HECHOS, votemos con CONCIENCIA HUMANITARIA, esa que nos permitirá salvar vidas; esa que nos llevará a descontaminar el país de la amenaza de las minas; esa que servirá para que los niños jueguen tranquilos, que el campo produzca y que los campesinos vivan sin miedo de caminar su tierra; VOTEMOS con la conciencia de que vamos a cambiar el mundo para bien.

jueves, 18 de agosto de 2016

Recuerdos de "la San Francisco"



Sobre la Avenida Jiménez entre las carreras sexta y séptima en Bogotá se encuentra uno de los lugares más tradicionales de la ciudad y uno de los más importantes para los amantes de los bolos, la bolera San Francisco.

Allí todo es magia. Desde su entrada, que como la caverna en que Alí Babá guardaba sus tesoros yace en el fondo de una gruta, guardada por un puesto de empanadas y un aroma a humedad que a quien es asiduo visitante le acelera el corazón al tiempo que le congestiona la nar... ¡Un momento! Esto cambió. !Ya no huele a humedad, ya no se ve la pintura descascarada de hace 50 años, ya no está el puesto de empanadas y ahora hay una chica muy linda que invita a entrar al restaurante!

...

Mi memoria me lleva al pasado: unas escaleras viejas con un barandal en madera marcan el camino hasta un descansillo desde el que ya se puede vislumbrar el coqueto borde de una mesa clásica de billar y la asombrada exclamación muda de una rana plateada que yace expectante y hambrienta en su verde laguna poblada de huecos.

Solo es descender los últimos peldaños para escuchar el rumor cómplice de la madera que cubre el piso y nos recuerda el respeto que se le debe a tan histórico edificio. Uno, dos, tres pasos y detrás de una sucia columna que aún conserva vestigios de su primera mano de pintura, se ven llamativos murales de colores con exóticos escenarios de una Bogotá antigua y olvidada, un mueble en madera que recuerda un café santafereño, con sus copas durmiendo vacías boca abajo, las botellas incólumes ante el polvo y el paso del tiempo, y finalmente, allí, a lo lejos, justo enfrente, pulidas y ansiosas, las pistas de bolos en cuyo final se adivina una sombra tímida detrás de los diez pines o pinos ubicados en religiosa formación de punta de lanza; es decir, un valiente en cabeza, dos arriesgados que lo apoyan, tres que los siguen y cuatro que cubren la retaguardia, mientras dan la espalda al gigantesco abismo en el que inevitablemente caerán para descansar en el fondo, hasta el momento sublime en el que un ángel acalorado, de manos sucias y sudorosa camiseta los rescate para cruelmente volver a ponerlos como carne del cañón del parroquiano siguiente en lanzar.

La bolera San Francisco es considerada la más antigua bolera de Latinoamérica, y hace honor a su tradición al carecer de sistemas electrónicos. Allí el conteo es manual, las matemáticas olvidadas al salir del bachillerato vuelven a buscar su espacio en la memoria y los dedos, acostumbrados a escribir en computador son torpes al empuñar los lápices Berol Mirado No.2 con que se llenan las planillas de juego.

El olor a humedad impregna todo el lugar, no hay mucha ventilación pero el ambiente es rico en remembranzas. Pareciera que al voltear la cabeza para mirar la pista de al lado se fuera a encontrar con un cachaco de vestido, gabardina y paraguas o una señora levantando sus enaguas y caminando en puntillas para el approach.

Pero un grito de ¡chuza!, acompañado del veloz pase de tap que hacen los pinos al caer, hace volver a la realidad y mirar al dependiente, quien con una sonrisa pregunta cuántos pares de zapatos y en qué números debe alcanzar. ¿cuántos pies se habrán sumergido en ellos? ¿cuántos ganadores habrán impregnado con su sudor heroico esas plantillas tras una batalla campal -o lineal tal vez-?

- Dos pares, número 37 y 42, por favor. ¡Ah! y dos cervezas. Gracias-. Comienza una maravillosa noche de bolos en "la San Francisco".

...

Vuelvo al presente.

Ahora parece que "la San Francisco" se ha transformado en un hermoso restaurante. Mientras bajo las escaleras percibo que ya no hay olor a humedad y que ahora huele a presente prometedor, con un leve toque de pasado glorioso. Justo enfrente hay una tina de baño antiguo, llena de pinos que evocan épocas anteriores. El techo es amplio y bajo este hay una serie de mesas y sillas que forman un acogedor espacio. Hasta aquí se siente el aroma de las especias, el gusto sencillo del sazón que emana de la cocina.

Termino de descender y encuentro que el restaurante está dividido en ambientes, de una forma inconscien.... ¡Oh, Dios mío, todavía se conservan dos de las líneas de bolos! ¿Qué bien! ¡Me encanta! Es una excelente sorpresa que nos alegra la noche.

Nos sentamos y miramos la carta, mientras la mirada se concentra en quienes juegan, en sus lanzamientos y en cómo disfrutan. Los platos son sencillos, nada pretenciosos, platos sencillos a precios adecuados para cualquier bolsillo. Pedimos y esperamos. Poco después nos traen como entrada unos patacones en una taza antigua, una especie de pequeña bacinilla como de porcelana, como para guardar el toque de antaño. Muy ricos.

La comida estuvo bien, no es maravillosa pero tiene muy buen sabor, buena presentación y excelente servicio. La verdad no le presté mucha atención. No vine a eso. No vinimos a eso.

Lentamente, con ansía muy mal escondida me acerco al dependiente:

- Dos pares, número 37 y 42, por favor. ¡Ah! y dos cervezas. Gracias-. Comienza, de nuevo, una maravillosa noche de bolos en "la San Francisco".



Sí, soy un adicto ¿y qué?



Hernando es un adicto al deporte y su problema surgió desde su adolescencia. En esa época se reunía en las noches con sus amigos del barrio Castilla al suroccidente de Bogotá para disfrutar de los juegos que todos los niños de ese tiempo jugaban: yermis, soldado libertado, escondidas o cualquier otro que implicara correr, saltar, esquivar y todo eso que a cualquier menor le gusta, y desde allí, desde esa época es un adicto.

Hernando es un hombre de 32 años que trabaja como profesor en el departamento de Física de un colegio privado de la capital. Tiene un hijo de cuatro meses y una pareja estable con quien piensa formar un hogar en el corto plazo. Adora a su hijo y pasa con él la mayor parte de su tiempo libre, lo baña, lo viste, lo alimenta, lo consiente y espera sagradamente cada noche, entre semana, a que se duerma para partir a su casa.

Lo peor es que no quiere dejar su vicio. Hace dos años tuvo una molestia en el corazón, le diagnosticaron cansancio extremo y le prohibieron seguir "consumiendo", por lo que dejó su droga durante un mes, pero la adicción le pudo y recayó. Desde hace seis meses tiene un problema en el talón de Aquiles del pie derecho por la misma causa y a pesar de que sus amigos le han pedido en varias ocasiones que por su salud y bienestar la deje del todo, él sigue inconmovible.

Sin embargo, el fin de semana su afición lo trastorna y su comportamiento cambia completamente.

- Qué rico que hagas deporte-, dicen familiares y amigos. - Es una práctica sana-, dicen los médicos. La publicidad lo recomienda. Las campañas lo promueven. Pero ¿qué pasa cuando todo eso se deforma y se convierte en una droga?

Este tipo de adicciones casi siempre pasa desapercibida porque la mayoría de personas no reconoce los síntomas y por el contrario alientan la adicción, por lo que en realidad se sufren a escondidas. Lidia Santos, sicóloga, comenta: - Este tipo de vicios no ha sido muy documentado por la ciencia. pues parece no afectar en la misma medida en que los fármacos, los sicotrópicos o los alucinógenos; pero su efecto es más devastador, en la medida en que no hay un punto cumbre de la adicción, no "se toca fondo" sino que, por el contrario, todo el tiempo permanece escondido y va minando la salud y la vida intrafamiliar del adicto-.

Llega el sábado.

- Sábados y domingos sé que no cuento con él para nada. Desde las 6 de la mañana ya sé que va a estar en partidos de lo que sea, a veces es fútbol pero a veces son otros deportes. Uno lo llama al celular y no contesta, y la excusa es que estaba jugando. Hace un mes teníamos cita con la mamá de él para almorzar y apareció como dos horas después, en pantaloneta, sudado y cansado y nos tocó quedarnos en la casa. Y el próximo domingo el niño tiene control con el pediatra pero él ya dijo que ese día es la semifinal del campeonato y no puede faltar-. Son palabras de Catalina, su compañera y la madre de su hijo, con quien sufren por sus ausencias.

- Él rara vez llega tomado o algo así, pero a Arturo y a mí sí nos duele su ausencia, porque debería estar con nosotros todo el tiempo-.

Hernando forma parte del equipo de profesores del colegio en que trabaja, es integrante del onceno de la asociación de padres de familia del mismo colegio; disputa un campeonato de fútbol aficionado con un equipo de fútbol llamado Nissanrepuestos, una empresa que vende repuestos para automóviles; ha corrido la media maratón de Bogotá durante los últimos cinco años; estuvo en Bogotá 5k patrocinada por Nike; ha hecho en dos ocasiones el ascenso a la Torre Colpatria; con su grupo de amigos juega futsal en las noches de los sábados; monta bicicleta y además ha sido roller (patinador extremo) y ha practicado canotaje, rapel (descenso por cuerdas), canyoning (caminata extrema) y otras disciplinas más.

Esa es su vida. Él dice que lo hace para escapar de la rutina y crear otro mundo para sí mismo donde pueda olvidar sus errores, sus faltas, sus carencias y sus responsabilidades. Esa es su adicción y como en todos los adictos el principal problema es que no quiere dejar su droga. Esa misma que al tiempo que le da salud, poco a poco, lentamente, lo está matando.



Desahogo



Déjame decirte lo que pienso.

Déjame descargar este dolor.

Déjame vaciar mi humanidad y sentir que a medida que fluye por mis labios me voy deshaciendo de ella, como si escupiera el veneno que me corroe por dentro y arde en mi interior. Esa maldita humanidad, esos malditos sentimientos que me impiden vivir, vivir de verdad.

Déjame despojarme de todo. Déjame desocupar mi alma y poder escupir, y vomitar, y llorar, y mear, y cagar en la asquerosa, sucia y siempre complaciente faz de este mundo todo lo que me aqueja. Déjame. Maldita sea ¡DÉJAME!

Este dolor tan horrible que cuece mis entrañas, que hierve en hiel mi interior.

Se siente en el pecho, pero se reproduce como la mala semilla y llega a poblar todo, todo, todo, TODO en mí.

Es una sola punzada, repleta de miles de diminutos pellizcos en mi asquerosa alma. Esa misma que es como una mala comida, un canapé podrido que te intoxica y te tumba en cama con fiebre, malestar, dolor y la sensación de que vas a morir allí mismo... sólo que cuando se trata del alma esos síntomas son millones de veces peores.

La única solución que le puedes hallar es la muerte, porque no hay una maldita aspirina que te ayude. No hay paliativos. La muerte es la única salvación, el único camino, la única luz, la única esperanza, el único medio de deshacerte de tanto dolor, de tanta mierda.

Déjame.

¡Por amor de Dios, déjame desocuparme!

Quiero... que bella palabra. En un momento de éstos no la dices, la maldices, la escupes y se lleva un montón de roja y espesa sangre podrida y hedionda... y te descarga. En tus labios, al decirla, queda un hilillo de sanguaza colgando que con el revés de la mano lo puedes quitar y sacudirlo para la mierda.

Quiero... ¿En que iba mi cuento? Mi cuento eché en olvido... JAJAJA.

Quiero tantas cosas. Quiero tantas y tantas cosas...

Para qué nombrarlas, decirlas, pensarlas o siquiera quererlas, afirmo.

La mierda es una vida. Y la vida me sabe a mierda.

¿Para qué? me pregunto. COGITO ERGO SUMN - Pienso, luego existo. Pero no por pensar se es. El pensar te resta existencia, te disminuye la capacidad de vida.

Pensar.

Me mata pensar.

Pensar, Pensar; Pensar. Pensar: pen - sar... P E N S A R... PE NS AR...

¿PENSAR?...

¡PENSAR!

¡¡¡PENSAAAAAAR!!!

No quiero pensar más. Sólo quiero que me dejes exorcizar mis demonios.

Pero lo que realmente quiero es que un día, ojalá hoy, pueda vomitar mi alma, para que se estrelle enlodada, sucia y mancillada, y así poder pisotearla de nuevo, una... y otra, y otra, y otra, y otra vez.

Poder verla desaparecer lenta y estúpidamente en las grietas de un maldito andén resquebrajado mientras me retuerzo en el cemento frío y asqueroso de una callejuela estrecha en un barrio de mala muerte; con los ojos perdidos, la mirada extraviada, saliva mezclada con orín, barro y agua de charco escurriendo por mi boca, mi mentón y mi cuello; mis manos negras y llenas de tierra negra conteniendo la explosión graciosa de mi estómago; mi ropa raída, sucia y embarrada; mi cabello pegajoso, gris y pesado y mi cuerpo contraído regodeado en la crapulencia de ese feliz dolor; mientras río a mandíbula batiente con mi rostro en una retorcida mueca, mal émulo de una carcajada, con la risa inagotable, criminal, eterna, hermosa y sincera de un loco.



Orgasmo



Tan pronto vislumbré sus piernas morenas y bien torneadas un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sus caderas rebosaban alegría y movimiento y su cabeza inteligente se movía dando campo para que esos ojos vivaces devoraran en un instante todo el lugar.

Al observar su andar grácil, como una hermosa gacela en la pradera, supe que era con quien había soñado, supe que era justo a quien necesitaba.

Tantos días de incesante espera, tantas jornadas carentes de alegrías, tantos y tantos sueños frustrados o paliados con alegrías menores, llegaron a su fin con sólo verle caminar, correr y saltar con el júbilo propio de la adolescencia.

En sus ojos se veía la felicidad y la inocencia propias de su edad, pero su cuerpo maduro y ya desarrollado reflejaba la firmeza de la adultez.

Pronto estuvimos jugando en la hierba mientras el sol cálido abrasaba nuestros cuerpos casi desnudos y oscurecía nuestras pieles, para después caer sudorosos y agotados y tumbarnos sobre el verde césped.

En medio de esos juegos, en los que me concentré para descubrir cada uno de sus movimientos, cada exhalación, cada latir de su corazón, supe que enloquecería a cualquiera con las sacudidas rápidas de su pelvis; con esa cintura que como un rayo te llevaba de un lado al otro y te dejaba en el piso con la respiración acelerada y totalmente agotado por el esfuerzo; con todas las maravillas que esas piernas de contorsionista podían hacer y, sobre todo, con ese afán suyo fruto de su inexperiencia... ese afán de hacer que llegaras al momento cumbre; que todo ese juego previo culminara en el grito máximo; que se te escapara ese grito, que brotara de ti toda la energía y toda la alegría... que dejaras de contenerte y que brotara de ti todo, todo, todo, todo… TODO.

Y lo logró.

Pocos días después le vi hacerlo, vi cómo le hacía a otro lo que me había hecho a mí. Vi de nuevo todo su potencial en acción.

Desde lo lejos, sin que me viera en el momento, observé cómo iniciaba, cómo empezaba a moverse con lentitud, con calma, midiéndolo. Lo miraba a la cara, incitándolo, invitándolo, ofreciéndose. Inició con un movimiento sencillo de sus piernas, muy sencillo, un amague... al ver que surtió efecto, un rayo cruzó por su mirada y en su boca se dibujó una semisonrisa y sus caderas dibujaron una figura extraña... lo iba a enloquecer.

Contuve la respiración, mientras mi corazón latía acelerado, mi pulso aumentaba frenéticamente y mis piernas temblaban.

Se movía a toda velocidad, sudaba mucho y hasta donde yo estaba sonaba su respiración agitada, ya casi llegaba.

Al penetrar en la candente zona, que tantas veces antes nos había sido esquiva, frenó bruscamente, le sonrió de nuevo, le sonrió a aquel que ni siquiera pudo seguir su ritmo, y con un suave impulso y esa sutileza, esa casi ternura que le caracteriza culminó todo... el éxtasis sublime.

No aguanté más y mi garganta seca estalló, grité con todas mis fuerzas:

...

...

...

...

...

¡¡¡ GOOOOOOLL!!! ¡¡¡ GOLAZO!!!



Así es. Sí. Confirmado. Ese es el delantero que necesitamos, ese que siempre soñé descubrir.